
Informe especial de Cosas de Autos. El “Plan de Incentivo a la Industria Automotriz” lanzado por el gobierno nacional es claramente un fracaso si se tiene en cuenta los volúmenes que el propio estado se había puesto: comercializar nada menos que 100.000 unidades. Las últimas cifras oficiales hablaban hace un mes atrás de poco más de 5.000 desde su puesta en marcha en diciembre del año pasado. Hubo fallas por todos lados, primero de organización y luego de comunicación. De hecho a seis meses del lanzamiento ya nadie habla y no hay avisos oficiales que mencionen e incentiven el tema.
De todas maneras, y hay que decirlo, el plan es una manera más que interesante para alcanzar un auto 0 Km debido a la forma de financiación y a la baja tasa de interés. Pero, curiosamente, los concesionarios no hacen demasiado por promocionarlo.
Cronología de un caso real con final feliz
Hace un tiempo, Cosas de Autos se había propuesto reflejar el camino recorrido por alguien que haya optado por comprar un auto mediante el “Plan de incentivo…” y finalmente hoy el material está listo, procesado y lo comparto con ustedes para que despejen dudas y conozcan una experiencia real.
El caso en cuestión corresponde a un matrimonio joven, con una hija de dos años, que nunca había tenido auto. Ambos son docentes universitarios y se enfrentaron a la necesidad de comprar un auto compacto barato pero lo más equipado posible. Su raid comenzó en enero y acabó hace algunas semanas. A continuación la cronología de Juan y Lucía, contada en primera persona. Para corroborar los datos, se adjuntan papeles que formaron parte del trámite.
La decisión
Hacia fines de enero: Lucía y yo nos pusimos al corriente del publicitado “Plan 0 km”. Sabíamos que tenía financiamiento estatal, pero no sabíamos ni qué modelos entraban en las propuestas ni si nuestros ingresos como docentes nos permitían acceder a esos créditos.
1 de febrero: hicimos una lista tomada de internet con los modelos ofrecidos y vimos que cada fábrica ofrecía un modelo económico y uno de gama superior, por ejemplo Ford con el Ka y el Focus. En ese momento nos dimos cuenta de que era razonable apuntar a uno económico, esperando que el finaciamiento fuera caro.
2 de febrero: empezamos recorriendo concesionarias del barrio (La Paternal) y nos dimos cuenta de algo interesante: que cada empresa apunta a un público específico. Para quien no tiene auto esto es sorpendendente. Por ejemplo, Chevrolet (o al menos la concesionaria que visitamos) está tan deseosa de captar taxistas que nos dijeron que esa demanda probaba que el Corsa Wagon es muy ventajoso porque es uno de los más elegidos por los tacheros. Después de revisar esos autos y ver que la versión económica no ofrecía nada más que dirección asistida y no AA ni levantavidrios, decidimos ir a mirar otras marcas.
3 de febrero: nos alejamos del barrio y fuimos a una concesionaria Peugeot, donde confirmamos aquello del público al que apunta una marca, porque no les resultaba muy atractivo a los vendedores nuestro planteo de docentes que querían apelar “al plan del gobierno”. Nos sorprendió también que frente a la crisis los vendedores actuaran considerando tales cosas. Lo cierto es que para ese entonces los vendedores no sabían nada de plazos y recién empezaban a estudiarse el libreto.
La recopilación de datos
A la noche hicimos nuestra propia investigación vía sitios web oficiales, como el de la ANSES y por algunos diarios que habían ofrecido buena información sobre el asunto (por ejemplo, en una entrevista al titular de ANSES pudimos saber que la tasa era muy baja y que el financiamiento era infinitamente mejor que el de las concesionarias o fábricas).
Con esos datos nos pusimos a investigar nuestra historia financiera porque para entrar al plan hay que completar muchos datos y cumplir con ciertos requisitos. El fundamental: la cuota del auto no puede ser mayro al 20% del ingreso familiar. A su vez, hay otras cuestiones, como antigüedad, el estado del VERAZ, la situación en la AFIP, ANSES y algunas más.
3 de marzo: sabiendo de nuestras desconfiadas investigaciones, fábricas y concesionarias empezaron a llamarnos ofreciéndonos planes de financiamiento “más convenientes que el del gobierno”. Hay que decir que en todos lados, así como nos daban con unos papelitos con los planes de pago y en algún caso con unos catálogos, nos pedían datos porque el tema principal era que había ciertos cupos de créditos. En suma, el gno. financiaba la compra de cierta cantidad de vehículos a cada firma, pero evaluaría los mejores antecedentes financieros. Esos datos los usaban luego para tratar de hacer otro negocio, pero la diferencia era inocultable.
Ese día fuimos a una concesionaria Citröen y un vendedor muy “canchero” nos dijo que esa fábrica sólo ofrecía el C3, con DA, AA y levantavidrios y que como es una gama intermedia no apuntaba a un público masivo. En efecto, vimos que en diseño y en cualidades, parecía muy ventajoso y el precio no no era inalcanzable.
La elección del auto
4 de marzo: tuvimos un borrador de nuestra capacidad de pago y nos dimos cuenta de que podíamos aspirar al C3. El precio de lista era de $48.010 y el precio final, financiado de alrededor de los $54.000 al cabo de 4 años. Vimos que había dos variantes de ingreso, con el pago de cuotas mensuales durante un año, entrando a sorteo en el transcurso y con la entrega asegurada con la cuota 12 o pagando el 20% luego de que se evaluaran los antecedentes. Con esta última modalidad se suponía que la entrega era a los 45 días y que todo el trámite duraría 60 días.

Consejo de oro: vimos que entre las distintas concesionarias había una diferenecia de entre $800 y $1.500 en los gastos de administración. En este punto ya sabíamos qué preguntar, así que directamente estas averiguaciones puntuales las hacíamos por teléfono. Efectivamente, comprobamos que cuanto más lejos de Capital Federal íbamos, más baratos eran esos gastos, así que yendo a una concesionaria de Martínez ahorramos unos $1.500.
7 de febrero: llevamos a la concesionaria el dinero correspondiente a una cuota ($800) porque accedimos a la modalidad de pago adelantado del 20%, el cual se hace una vez que se aprueba el crédito. Esa cuota se paga para que se empiecen a mover los papeles, es decir, para que esa carpeta sea enviada a la ANSES y se la analice a fin de hacer -si corresponde- la preadjudicación.

Los papeles
Llevamos muchos papeles: 3 últimos recibos de sueldo, firmas autenticadas de empleadores, constancias del trabajo, constancias de depósitos de jubilación y VERAZ. Completamos un formulario de compromiso que significaba que si se otorgaba el crédito pagábamos el 20% y luego, el resto ya era con ANSES y con facturas llegando a domicilio. Así nos fuimos contentos contando los días y mirando todos los C3 en la calle.
10 de marzo: llamado a la concesionaria porque se suponía que en 15 días había noticias y nada. Nos dijeron que no sabían cómo eran los tiempos de ANSES y que había que esperar.
20 de marzo: segundo llamado a la concesionaria donde no sabían nada, pero que averiguaban y nos contestaban por mail.
31 de marzo: nos avisan que dependían de los tiempos de ANSES. Esto mismo se repitió varias veces, hasta que a fines de abril nos llamaron para decirnos que teníamos que actualizar datos.
1 de abril: llevamos actualización de todos los recibos de sueldos y unas firmas certificadas que habían faltado originalmente. Ahí preguntamos por las fechas pero nos dijeron que no sabían mucho.
7 de abril: nos llegó a casa la factura por una segunda cuota del auto. Llamamos para preguntar si la pagábamos y nos dijeron que eso era síntoma de una evaluación positiva, que si se caía el financiamiento el dinero se nos devolvía.
23 de abril: nos avisan de la concesionaria que está aprobado el crédito y que fuéramos a un Banco Nación a pagar el 20% a una cuenta de la que nos dio los datos. En el banco nos confirmaron que esa cuenta era de Citröen así que pagamos.
24 de abril: llamamos para preguntar por la entrega, pero nos dijo que como no había todavía experiencia de entrega no sabían exactamente cuánto tiempo podía ser. Que el Plan decía que el total de la operación eran 60 días pero que eso ya no se iba a cumplir. “Ya me di cuenta”, pensé.
11 de mayo: nos llegó la factura por la cuota 3 y, previa consulta al concesionario, la pagamos.
21 de mayo: recibimos el llamado de la concesionaria que informaba que el 26 de mayo debíamos firmar la entrega y que retirábamos el auto el 2 de junio.
26 de mayo: firmamos los papeles de la entrega.
5 de junio: nos llaman del concesionario que debíamos pasar a buscar nuestro auto, cosa que hicimos. Luego de firmar unos papeles, lo sacamos patentado del garage y nos llevamos a casa nuestro C3.

Primera foto. Juan y Lucía salen de la concesionaria con su flamante C3.